Como
cualquier uruguayo que tenga un mínimo de sensibilidad, me encuentro
horrorizado por la escalada de violencia en la cual estamos inmersos y que se
ha recrudecido en los últimos días. No existe una sola persona en este país que
no conozca una víctima de la violencia, que le hayan matado a un familiar,
amigo, vecino, compañero de trabajo… todos cargamos al menos con una víctima en
nuestro corazón, una víctima de crímenes injustos, de gente de bien, de padres,
hermanos, hijos, novios, cónyuges, abuelos, tíos, de gente de laburo que no le haría
mal a nadie y sin embargo terminaron muertos a manos de los delincuentes.
La
falta de sensibilidad por parte de las autoridades roza el ridículo, cada vez
que se le pregunta sobre la violencia al ministro, contesta que si bien las
rapiñas han subido y las muertes violentas también, sin embargo han bajado los
hurtos, o se excusa diciendo que la gente no denuncia, o que ya compraron más
drones o que la culpa es de la prensa (argumento muy de moda en estos últimos tiempos).
Nos
están matando, así nomas. Nadie nos protege, ni siquiera les importa protegernos,
porque la visión acerca de la seguridad que tiene el ministro y el gobierno
(los dos últimos que lo han respaldado sistemáticamente), es una visión justificativa
de la delincuencia por su condición de excluidos. Para ser claro, delinquen
porque son pobres, no accedieron a la educación, no accedieron a los servicios básicos
y ahora la que les queda es delinquir y por eso hay que aguantar y no
perseguirlos, no castigarlos y hasta protegerlos, esa es la visión del partido de gobierno
frente a la delincuencia, es sin dudas una visión cómplice.
Es
tan absurdo el manejo de la seguridad interna en este país, que frente a las
protestas sindicales vimos a la Guardia Republicana envalentonada, disfrazada
de Robocop deteniendo a los peligrosísimos criminales juveniles sindicales ¿?…
y después un puñado de argentinos hinchas de Rosario les dio una paliza dejándolos
en ridículo y develando que se ponen duros cuando les conviene, y no me refiero
al policía que va al choque, me refiero a las políticas de seguridad.
Sin
dudas la corrupción llego al Ministerio del Interior, como también a la Fiscalía
que vergonzosamente sigue dependiendo del Ministerio de Educación y Cultura, y
esa corrupción es la que determina también en qué casos podes terminar en cana
por robar una gallina o quedarte sentado en el sillón de tu casa (o el de la
presidencia del senado en algún caso), aunque hayas fundido la principal empresa
del país, te hayas abrogado un título que no existe, dado un aval telefónico sin
garantías en un banco público o hacer dar perdida a los casinos.
Nada
funciona como debe funcionar en materia de política criminal, no hace mucho un
amigo del Frente me decía que nuestro sistema era fantástico y que todo
funcionaba bien porque Uruguay era el país que más presos tenia per cápita, a
lo cual mi respuesta fue simple: si tenemos ese récord y vivimos inmersos en la
violencia que vivimos y además tenemos los problemas de corrupción que tenemos
es porque las cosas no están nada bien.
Antes
de ayer fue un taxi metrista, ayer un
joven motociclista, hoy balearon a otro joven por una bicicleta, no hace mucho
fue Camila, fue Alejandro, fue mi amigo Javier, fue la novia del Mauri, fue la
novia de José, fue el tío de Roberto, hasta fue la ex esposa del fiscal de
corte, y fueron más de 350 víctimas de esta locura que no le ponen fin, ni le
quieren poner fin.
Al
principio creía que era cobardía de las autoridades, luego pensé que era
incapacidad, pero luego de todos estos años, de todos los recursos que se han
dispuesto para el combate a la delincuencia y a la vista de los resultados, no
me queda otra conclusión que acá hay una actitud cómplice del gobierno con los
delincuentes. Hay muestras evidentes de esta actitud cómplice cuando roban
cuarteles y los soldados están desarmados, cuando roban comisarías y los policías
no se defienden ¿no les parece raro? A mí sí.
¿Hasta
cuándo van a permitir que nos sigan matando?
Leopoldo Trivel
No hay comentarios:
Publicar un comentario